[ARTÍCULO] El impacto de la pandemia en la Amazonía

16 junio, 2020

[ARTÍCULO]

El impacto de la pandemia en la Amazonía

por el P.Pedro Hughes, asesor de la REPAM

A estas alturas las expresiones empleadas para hablar sobre el avance de la pandemia en el territorio de la Amazonía son de impacto mayor. La salud pública es sinónimo de colapso y los trabajadores de la salud, médicos, enfermeras, personal auxiliar, son los nuevos héroes que dan la batalla en la primera línea. Es casi imposible tener una idea clara sobre el aumento del número de los infectados y las víctimas por las serias discrepancias entre las cifras oficiales del MINSA y las de otras fuentes fidedignas de la región.

La situación de abandono e impotencia campea entre las poblaciones indígenas donde ha llegado el virus. La atención médica es escasa o inexistente en los asentamientos ribereños y las comunidades aisladas. Se explica por varias razones, la principal es la ausencia, histórica y real de la presencia del estado en atender con los servicios de salud pública a lo largo del inmenso territorio. Otro factor son las dificultades de los pueblos indígenas para tener acceso a ellos debido a las grandes distancias y aislamientos. El legado paupérrimo de la escasa presencia de instituciones del estado en el tiempo pre pandemia se ha sentido con ferocidad desde marzo. La ironía es que el término “distanciamiento social” es muy conocido en la Amazonía, describe exactamente la separación histórica que siempre ha existido entre los dos mundos, el Perú oficial y los pueblos de la selva.

La labor de la Iglesia

Saludamos y apreciamos la labor generosa, entregada y heroica de los pastores y los misioneros, misioneras de la Iglesia y de otras confesiones, de grupos, organizaciones e instituciones de la sociedad civil en acompañar y servir estos hermanos nuestros de la Amazonía. La frase del comunicado de los obispos del 22 de abril, “la Iglesia vive, su caridad no descansa” expresa la intensidad evangélica de los ocho Vicariatos y las Iglesias locales. Es más conocido los gestos de P. Miguel Fuertes al frente de la Iglesia de Iquitos. La colecta puntual por el oxígeno, la disponibilidad de la casa pastoral, Kantarí, convertido en hospital de campaña.

La Iglesia tiene una presencia notable en los lugares más afectados, Loreto, Ucayali, en la comunidad de los Shipibos, Cantagallo y los Awajún en Lima. Manaos, Porto Belo, Roraima en Brasil; la triple frontera de Perú, Colombia, Brasil, las ciudades de Leticia y Tabatinga. Tampoco podemos desconocer los testimonios diarios que llegan de tantos misioneros/as, testigos del dolor y el sufrimiento de los pueblos apartados y aislados. Es de notar la labor del CAAAP al servicio de la comunicación desde la Amazonía, la presencia efectiva y el testimonio de la CONFER y las Caritas.

La pandemia no estaba presente en la agenda del Sínodo. Ha interrumpido y ha tomado el poder de la historia del mundo contemporáneo. Llegó sin aviso, con terror, pánico masivo en un mundo desprevenido con una increíble secuela de enfermedad, muerte y desolación. La REPAM facilita el recojo diario de datos más precisos sobre el avance de la pandemia, actúa como puente entre organizaciones indígenas e instancias eclesiales, habilita acciones de conjunto.

Algunas voces desde la Amazonía

Un actor importante es José Gregorio Diaz Mirabel, del pueblo indígena Wakenai-Kuripako, Venezuela, presidente de la Coordinación Indígena de la Cuenca Amazónica, COICA. Gregorio fue invitado especial del Papa Francisco y participante en el Sínodo en Roma. Reconoce que si bien la Amazonía es un sujeto con voz propia, todavía no tiene la fuerza necesaria para incidir en el reclamo por derechos básicos de salud, medicinas, alimentación. Se necesita ayuda humanitaria, un fondo de emergencia, apoyo para defender las tierras del territorio, solidaridad para sobrevivir. Por su parte, el Cardenal Claudio Hummes,  presidente de la REPAM y del Consejo Post Sinodal, responde a las llamadas y pedidos de auxilio en este contexto, además insiste en que la Iglesia es la aliada de los pueblos indígenas, es la perspectiva, el horizonte del camino sinodal.

De hecho, la energía desplegada por la Iglesia en la Amazonía refleja la presencia del Espíritu de Pentecostés en el caminar del Sínodo. Impacta las múltiples acciones y demanda iniciativas, gestos y servicios en los ámbitos de la alimentación, la atención sanitaria además de presencia afectiva y efectiva de consuelo y acompañamiento con tantas familias que pierden sus seres queridos. Sobrevivimos con pasos tentativos soportados por la esperanza, la promesa del Señor, el Emmanuel siempre presente.