[Artículo] Cómo narrar los crímenes indígenas kukama de Bretaña

Miguel Ángel Cadenas y Manolo Berjón

Agustinos


Sacerdotes en Iquitos
Ha llegado, por tanto, el momento de establecer con competencia el cambio de modelo energético

El contexto es imprescindible y necesario para enmarcar los hechos. De esta forma adquieren sentido. En nuestra opinión no basta con narrar los hechos, hay que preguntarse desde dónde se narran. Nosotros optamos por la monetarización y el cambio de modelo energético como dos claves fundamentales que nos permitan comprender mejor lo sucedido. Damos por conocidos los hechos. Sólo recordamos que hay tres indígenas muertos y varios indígenas y policías heridos. Si alguien necesita conocer los hechos puede leer: http://www.caaap.org.pe/website/2020/08/09/orpio-tras-muertes-en-el-lote-95-exigimos-investigar-quien-inicio-con-los-disparos-y-quienes-mataron-a-los-tres-hermanos-indigenas/ , también se puede ver: https://elpais.com/internacional/2020-08-10/tres-indigenas-mueren-por-disparos-de-la-policia-en-peru.html

Fue en 1971 cuando se descubrió el primer pozo de petróleo en Loreto. De entonces para acá la actividad petrolera ha marcado la región. Las compañías petroleras han tenido pocos escrúpulos con los pueblos indígenas y el medio ambiente. El Estado, buscando la inversión privada, no se ha dotado de las leyes adecuadas y cuando las tuvo, no las aplicó. Así de sencillo. Loreto decidió anestesiarse con el canon petrolero que no ha servido a la región, menos a los pueblos indígenas. Todavía hoy en día hablar de pueblos indígenas y actividad petrolera es problemático en Iquitos. Los insultos están a la orden del día.

Durante décadas no hubo oposición aparente a la actividad petrolera por parte de los pueblos indígenas. Recordamos un infausto 3 de octubre de 2000: se derramaron muchísimos más de 5500 barriles de petróleo en San José de Saramuro, río Marañón. Fue un día negro, como el color del que tiñó el río. La actuación del Estado fue deplorable y la petrolera superó el cinismo habitual.

En el 2006 los achuar del Corrientes entraron en paro y terminaron firmando el “Acta de Dorissa”. Fue la primera vez que un pueblo indígena sentaba al Estado. A partir de entonces ha habido muchas historias. Lo cierto es que hay territorios contaminados, afectaciones a la pesca y la caza, entre otra serie de graves consecuencias. Los derrames de petróleo son otro capítulo triste. Un Oleoducto Nor-peruano obsoleto, y sin el mantenimiento adecuado, fue el escenario desastroso de una serie de derrames que han perjudicado enormemente a las comunidades. Los crímenes de Bretaña vienen de lejos, y sin tener en cuenta la lucha indígena con la actividad petrolera no se pueden comprender.

Nos van a permitir un párrafo sobre el Estado. Permite la extracción de recursos naturales a las empresas, en muchas ocasiones sin consulta previa. No tiene un instrumental medioambiental adecuado. Cuando se dota de leyes no las hace cumplir. No atiende con necesidades básicas a su población indígena: agua potable, desagüe, educación y salud de calidad, acceso a internet. Se coloca al lado de las empresas extractivas cuando surgen conflictos sociales. Establece mesas de diálogo donde se firman documentos que nunca se cumplen.

MONETARIZACIÓN

El crecimiento económico peruano trae de la mano la monetarización en las comunidades. Se han producido varias transformaciones importantes. En primer lugar, muchos loretanos han migrado fundamentalmente a la costa en busca de un trabajo que permanece esquivo en Loreto. Esto también ha afectado a los pueblos indígenas. Como contrapartida llegaban pequeñas remesas de dinero a las comunidades. También la actividad petrolera monetarizó las comunidades ofreciendo trabajos precarios a los indígenas. Programas estatales como Juntos, Pensión 65 y Qali Warma han generado cambios de envergadura. Los dos primeros han contribuido directamente a la monetarización. Y el tercero a un cambio alimentario de grandes dimensiones. Una modificación del paladar que sólo se puede satisfacer comprando alimentos foráneos con dinero. A esto se une la necesidad de celulares para comunicarse con los familiares en la ciudad.

La monetarización, en sí misma, es neutra: ni buena ni mala. Diferente es cómo se consigue el dinero y en qué se gasta. Se invierte el dinero en relaciones sociales, que es la manera de invertir en seguridad. De ahí que se compren bienes como televisiones, refrigeradoras, que se pueden vender en momento de una necesidad. Se invierte en diversiones con la familia y amigos. De tal manera, que cuando esté necesitado tenga un colchón social que me pueda respaldar. Difícilmente se invierte el dinero en el banco o en acciones, y no es únicamente porque en la mayoría de los lugares no haya oficinas bancarias, que no las hay. Esta necesidad de dinero, junto con la desafección del Estado que no cumple con requisitos mínimos como agua potable, educación y salud de calidad, genera que los paros sean cada vez más violentos.

CAMBIO DE MODELO ENERGÉTICO Y POSIBLE MEDIACIÓN

Por esta razón: a) denunciamos la violación de los derechos humanos y la destrucción extractiva; b) asumimos y apoyamos las campañas de desinversión de compañías extractivas relacionadas al daño socio-ecológico de la Amazonía, comenzando por las propias instituciones eclesiales y también en alianza con otras Iglesias; c) llamamos a una transición energética radical y a la búsqueda de alternativas: «La civilización requiere energía, ¡pero el uso de la energía no debe destruir la civilización!»: Documento Final del Sínodo Panamazónico, n° 70.

¿Cuál es el marco adecuado desde el que narrar estos hechos?. Nosotros lo tenemos claro: el cambio de modelo energético. A estas alturas ha quedado suficientemente claro que los combustibles fósiles contribuyen al calentamiento del planeta y no podemos continuar así. Ha llegado, por tanto, el momento de establecer con competencia el cambio de modelo energético. Sólo de esta manera podemos percibir la gravedad de una actividad petrolera donde el Estado se ha situado al lado de las Compañías en detrimento de las poblaciones indígenas generando un sinfín de dificultades. La actividad petrolera ha causado un desastre medioambiental, un desgarramiento en pueblos indígenas y un Loreto carcomido por la corrupción. Insistimos en esto porque situar estos crímenes en un marco petrolero implica avalar este marco. Además se sitúa dentro de una economía extractivista y ya es tiempo de cambiar a un modelo económico del cuidado.

Conviene, además, que tengamos claridad. No es la primera vez que se piden mediadores para este tipo de conflictos. No es tiempo de parches, hay que ir a la raíz de los problemas. De lo contrario la mediación se convierte en apaciguar a los indígenas para que todo siga igual, para que la contaminación y desestructuración de pueblos indígenas sigan adelante. Una mediación enmarcada dentro del necesario cambio de matriz energética comienza dando pasos desde la urgente “transición energética”.

Algunas personas nos han preguntado si han solicitado la mediación de la iglesia. No lo sabemos, pero es probable. No es la primera vez que solicitan la mediación de la iglesia, y probablemente no sea la última. En nuestra opinión no se trata de apaciguar a los indígenas, como pretende el Estado, sino de crear condiciones que permitan que no se vuelvan a repetir los hechos. Y dada la deriva de los últimos años, la mejor alternativa es cambiar de modelo energético, tal como piden los documentos eclesiales. Esto implicaría que, en nuestra opinión, se debe exigir esa “transición energética” como base para poder realizar la intermediación. De lo contrario, sentamos las bases para que la siguiente protesta se salde con más violencia.

Acudimos al magisterio del Papa Francisco:

“Mientras no haya un amplio desarrollo de energías renovables, que debería estar ya en marcha, es legítimo optar por la alternativa menos perjudicial o acudir a soluciones transitorias. Sin embargo, en la comunidad internacional no se logran acuerdos suficientes sobre la responsabilidad de quienes deben soportar los costos de la transición energética. En las últimas décadas, las cuestiones ambientales han generado un gran debate público que ha hecho crecer en la sociedad civil espacios de mucho compromiso y de entrega generosa. La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período postindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”: Papa Francisco, Laudato Si, n° 165.

En Estados Unidos los grandes inversionistas están percibiendo que ha pasado la época del petróleo y no lo ven como una fuente de inversión futura. Nos aunamos a este proceso.

Texto del blog: La candela del ojo