Aporte de Teología de la liberación del Pdre. Gustavo Gutiérrez a los estudios humanísticos

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Sonia Luz

Carrrillo Mauriz


poeta, periodista y profesora principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
El padre Gustavo Gutiérrez nos habla de Dios de una manera cercana a la vez que profunda y exigente.

Volver la mirada 46 años después de  la primera edición de Teología de la Liberación. Perspectivas, obra de Gustavo Gutiérrez,  en diciembre de 1971, y encontrar en esta obra los aportes a las ciencias humanas y sociales,  se torna un reflexión necesaria en momentos  en que en todo el mundo los estudios humanísticos se ven acosados por intentos de crear  conocimiento e innovación ligados – casi en exclusividad – con el desarrollo de la tecnología y  los conocimientos prácticos, pretendiendo olvidar  que un saber que no conduzca a la búsqueda del bien y de la belleza nos empequeñece a todos al privarnos de las exigencias, el gusto y el disfrute de la comprensión de los fenómenos, el hallazgo y permanente curiosidad y crítica con miras al perfeccionamiento de la existencia.

Imposible olvidar que en el 2003, cuando fue concedido al padre Gutiérrez, junto al periodista Ryszard Kapuscinski, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, se argumentó certeramente que en ellos se daba una  “coincidente preocupación por los sectores más desfavorecidos y por ser modelos éticos y admirables de tolerancia y de profundidad humanística”.

Quedó claro en esa circunstancia la presencia de valores indesligables: profundidad humanística, ética, tolerancia y preocupación por los humildes y humillados de la historia. Y hoy en día, cuando el mundo padece de anomía y algunas universidades parecieran promover  el analfabetismo ético en una extendida promoción de la excelencia del número y los resultados mensurables,  vale recordar que el padre Gustavo Gutiérrez fue enfático al señalar el carácter humanista universitario de su trabajo teológico al declarar expresamente, el martes 6 de abril del 2010, cuando la Pontificia Universidad Católica del Perú, le otorgó  la Medalla de Honor R.P. Jorge Dintilhac SS.CC, en mérito a su trayectoria, que la teología “tiene un lugar en la Universidad”, en tanto es un “diálogo con el pensamiento, con otras disciplinas y también con el arte, con la poesía. No es una metafísica religiosa sino una reflexión sobre el comportamiento de las personas”.

De qué hablamos cuando hablamos de saberes humanísticos? Hablamos de la necesidad de la Filosofía, la Historia, el Arte, la Literatura, las disciplinas sociales, aquellas que abordan la existencia de la gente tanto de forma individual como colectiva. Conocimientos que permiten enfrentar, preguntarse y cuestionar organismos o  dispositivos que frenan o imposibilitan el ejercicio de la creación y la libertad. De todo ello ha hablado y escrito con incisiva inteligencia el padre Gutiérrez en sus observaciones, en especial, de las obras literarias de Vallejo, Arguedas, Romualdo, y muchos otros creadores y artistas. O su fina lectura de obras del cine universal, tan penetrante como su mirada a los aportes de la antropología, la sociología o la psicología, que armoniza en el profundo humanismo que ha convertido su pensamiento en cabal referente universal.

Es cierto que nadie puede negar hoy la importancia del saber tecnológico, aplicado,  es necesario, sí, pero es incompleto, parcial. Con claridad profética el padre Gutiérrez lo expresaba en la Introducción de Teología de la Liberación hace 46 años al confrontar la noción deshumanizada de desarrollo con la noción de la liberación: “la noción de liberación resulta más exacta y englobante: ella hace notar que el hombre se transforma conquistando su libertad a lo largo de su existencia y de la historia.” (Gutiérrez 1971: 16). Es significativo que el autor sitúe su obra como un “estudio (que) nos permitirá indicar las razones por las cuales, a lo largo de estas páginas, tendremos en cuenta en forma especial  la función crítica de la teología respecto de la presencia  y  actuar del hombre en la historia”.

La historia, desde esta perspectiva liberadora,  tiene sentido moral, de realización de las personas a través de relaciones cada día más amplias y de reconocimiento recíproco, por ello, el padre Gutiérrez afirma que ‘los hombres y mujeres de hoy no aspiran solo a  liberarse de aquello que viniendo de lo exterior, les impide realizarse en tanto que miembros de una clase social, de un país o una sociedad determinada. Buscan igualmente una liberación interior, en una dimensión individual e íntima. Una liberación en un plano no solo social sino también psicológico”.

El padre Gustavo Gutiérrez nos habla de Dios de una manera cercana a la vez que profunda y exigente.  Me cuento, como lo he referido en múltiples ocasiones, con inocultable orgullo y gratitud, entre los que han tenido el privilegio de asistir a lo largo de décadas a los retiros por él conducidos. Qué regalo para el espíritu y también para el intelecto. Por ello, la ocasión es propicia para volver a su obra y también para reconocer el papel jugado a través de varias décadas por el Instituto Bartolomé de las Casas en su permanente cuidado y difusión.

 

Sonia Luz Carrillo y Gustavo Gutiérrez