Ante esta grave crisis: el vaso medio lleno

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EDITORIAL

“¿Qué pasa en el Perú que, cuando uno deja de ser presidente, lo meten preso?” “El caso Odebrecht es simplemente una anécdota chiquita”, dijo el papa Francisco cuando vino a Perú. Sus frases llamaron la atención de la prensa y los ciudadanos porque nos dimos cuenta de que Francisco estaba bastante informado de lo que venía ocurriendo en la política peruana. Sin embargo, hasta ese entonces no sabíamos lo que estaba por venir un tiempo después, no imaginábamos el desenlace del asunto que incluiría la renuncia del Presidente de la república por escándalos de corrupción.
El país no ha vivido un escenario tan crítico en la política, desde los años del régimen fujimorista. La mayoría de los partidos políticos y líderes están envueltos en actos de corrupción que se han destapado a lo largo de estos últimos meses y que terminarían con la renuncia del primer mandatario del país. Esta situación que involucra a casi toda la clase política en el caso Lava Jato, nos hace repensar la forma en que ha funcionado todos estos años el Estado desde la transición, pero también el rol importante que jugamos todos los ciudadanos.

Urgen reformas

Aunque es necesario seguir promoviendo la conciencia ética en los ciudadanos, ha quedado demostrado que no se trata sólo de un grupo de personas deshonestas que llegaron al poder y se hicieron de dinero público o que favorecieron al sector privado por “apoyos” para la campaña. Se trata de un sistema que ha permitido que la corrupción pueda darse en todos los ámbitos del Estado como un modus operandi de arriba abajo y que, en muchos casos, quede impune. La sociedad civil y colectivos de ciudadanos, algunas instituciones e intelectuales vienen exigiendo reformas políticas puntuales como por ejemplo, la eliminación del voto preferencial y un mayor control de las donaciones que reciben los partidos políticos para sus campañas en las elecciones, asi como la ley del financiamiento público para poner el piso parejo y transparentar el financiamiento privado. Al respecto, no solo no se ha hecho nada por controlar mejor la procedencia de tal dinero, sino que se ha retrocedido porque ahora los partidos no tienen que reportar a la ONPE hasta después de terminado el proceso de la campaña.

Finalmente, es urgente que se fortalezcan los organismos de control, como por ejemplo la Contraloría, así como reformar al Poder Judicial. Es decir, que se defienda la autonomía de la justicia y evitar la cooptación por grupos que tienen intereses privados.

¿Y qué hacemos los ciudadanos?

Los ciudadanos también jugamos un rol importante en este escenario de crisis. Lo primero, ver el vaso medio lleno pues esta situación puede servir para reformar todos esos aspectos que han facilitado actos corruptos en el Estado. Esto implica estar más atentos e informarse sobre los temas en cuestión para que se busquen salidas viables. Lo segundo, rechazar todo acto de corrupción, no normalizarlo ni caer en la desesperanza. Como lo dijo el papa Francisco, la corrupción es evitable, no es inherente a las autoridades o a la política. Aquí tenemos mucho trabajo por hacer con aquello de “que robe pero que haga obras”. Hay que entender que la corrupción de los altos funcionarios sí es un asunto nuestro y no una cuestión lejana que no nos afecta como si la sociedad estuviera completamente exonerada de estos procesos. Este delito es una de las formas más nocivas de vulneración de los derechos de todos y todas, pero sobre todo de los más pobres. ¿Quién nos ha convencido de que no hay posibilidad de vencer la corrupción? ¿Quién nos hace creer que es problema de otros? Esos “5 palitos sin mover un dedo” del que le hablaba Fredy Aragón, hasta entonces gerente de políticas de la Sucamec a un congresista en los videos del escándalo, significan menos colegios, menos hospitales, menos derechos para nuestros hijos, para nuestros hermanos, para nuestros compatriotas. Si estamos perdiendo la capacidad de indignarnos es porque estamos cediendo ante los problemas que vemos. Indignémonos y reclamemos juntos cuando se atente contra los derechos de la gente, recordemos lo importante de organizarnos y movilizarnos por nuestro país.