Afiancemos la lucha anticorrupción

7 mayo, 2019

AFIANCEMOS LA LUCHA ANTICORRUPCIÓN

editorial de Signos

 

Desde hace algún tiempo venimos presenciando con preocupación los casos de corrupción que involucran a nuestras autoridades. Hasta el momento, son cinco ex-Presidentes de la República los que afrontan denuncias graves sobre este flagelo que por años ha sometido a nuestro país.

Esta realidad nos obliga a seguir buscando y exigiendo la verdad para así poder construir un país con mayor entereza moral. “¿Qué hay en la raíz de la esclavitud, del desempleo, del abandono de los bienes comunes y la naturaleza? La corrupción, un proceso de muerte que nutre la cultura de la muerte”, nos dijo el Papa Francisco en El video del papa sobre la corrupción.

No se trata de venganza

Aclaremos la diferencia entre la exigencia de la verdad y la venganza. La exigencia de la verdad, que incomoda sobre todo a los responsables de estos delitos y a sus círculos cercanos, es una necesidad primaria si queremos fortalecer y alcanzar la justicia. Entonces, lo que tenemos hoy no son perseguidos, son investigados. En ese sentido, esta realidad que vivimos como país no debe albergar en nosotros otro sentimiento que no sea la exigencia de justicia.

La lucha contra la corrupción no consiste sólo en poner en la cárcel a los culpables, se trata también de reconstruir las instituciones. Hoy tenemos instituciones públicas muy frágiles y aunque cambiar esa realidad es una labor a largo plazo, tengámosla en cuenta desde ahora a ver qué tenemos que cambiar. El papel de las instituciones públicas es clave en la democracia y por ello es necesaria su reforma, porque al ser afectadas por la corrupción y la ineficiencia, se alejan de los ciudadanos, y con ello debilitan la democracia.

Los pasos que ha dado el Perú en la lucha anticorrupción han sido importantes. Estos avances no han sido fáciles. Por ejemplo, debemos reconocer el gran aporte que nos ha dado el periodismo de investigación al destapar casos recientes como los de Odebrecht, los Cuellos blancos del Puerto, etc., exponiéndose incluso a amenazas y persecución. Sin embargo, es necesario llamar la atención sobre las malas prácticas de otros medios que lejos de contribuir, se han dedicado a exacerbar los ánimos. De esto hemos sido testigos todos y todas durante varios días a propósito de la trágica muerte del ex presidente Alan García Pérez. Ese tipo de información sensacionalista incita al morbo, exacerba los ánimos y está logrando que oportunistamente algunos exijan que se retiren medidas; esto es peligroso y nos puede llevar a retroceder en lo avanzado.

También hay que destacar el trabajo del Poder Judicial y el Ministerio Público que han mostrado tenacidad y eficiencia, pese a los problemas internos que enfrentan estas instituciones por casos de corrupción y estructuras burocráticas, poco eficientes. Sin embargo, en el terreno judicial también está planteada la discusion sobre el uso de las variantes de las medidas de privación de libertad de los acusados. Según los expertos, no se trata de cambiar la ley, la discusión se ubica en el uso predominante de las prisiones preventivas y preliminares existiendo otras opciones.

¿Qué nos toca hacer a nosotros?

Los ciudadanos debemos estar a la altura de lo que exigimos. Como ya lo hemos dicho, que se haga justicia ante la plaga de la corrupción supone actitudes constructivas y no justicieras guiadas por la venganza. Esto incluye que miremos las instituciones y pensemos en sus reformas desde la sociedad. Hoy la información que circula no sólo depende de los medios de comunicación, el ciudadano de a pie cuenta también con herramientas tecnológicas que permiten producir y difundir información. Esto debe conllevar también una responsabilidad en el conocimiento de las fuentes informativas. Estemos alerta y cuidemos que las investigaciones avancen, es la única manera de tener una sociedad democrática y limpia de corrupción. Como nos dijo el Papa Francisco en su visita por el Perú, “la corrupción es evitable y exige el compromiso de todos”.