A 50 años del Curso de Teología

11 marzo, 2020

[DE AQUÍ Y DE ALLÁ]

A 50 años del Curso de Teología

por Cecilia Tovar, investigadora del Instituto Bartolomé de Las Casas.

Los cursos de teología que empiezan en 1971 acompañaron con una reflexión teológica de primer nivel el compromiso de los cristianos (laicos y laicas, religiosas, sacerdotes, obispos) por vivir esa opción por los pobres en todos los lugares del país, en solidaridad con las organizaciones de los pobres y sus luchas por la tierra, por la vivienda, por la educación, por el trabajo y el salario digno, en un tiempo de reformas desde un gobierno militar, y luego de represión y paquetazos.

Los cursos van creciendo y se abren secciones para diversos públicos, diferentes niveles, réplicas en muchas regiones del país. Se trabaja mucho la Biblia, los evangelios, la cristología. Se acompaña el caminar de la Iglesia, se trabaja la preparación de la Conferencia de Puebla (que es una verdadera batalla contra los que quieren olvidar Medellín) y luego se estudian sus conclusiones.

 

 

Ser parte de una aventura espiritual

Este camino de práctica y reflexión teológica es una aventura espiritual, es decir, no es un ser cristiano que se guía por un manual o recetas seguras, sino un caminar descubriendo el próximo paso a dar, y a veces dándolo sin tanta certeza, pero con la conciencia de que hay que seguir. Descubrimos que la fe no es siempre claridad, muchas veces no sabemos qué hacer, atravesamos situaciones personales difíciles, problemas familiares, dificultades de nuestras comunidades, de la Iglesia, pero seguimos tercamente en esta apuesta de vida, fiándonos del Señor. Comprender lo que es ser cristiano, gracias a la teología, nos ayuda en este camino. La lectura de la Biblia que tratamos de entender mejor en los cursos, y la vida en comunidad cristiana, son pilares fundamentales.

Al celebrar estos 50 años seamos conscientes de lo que hemos logrado; nuestra acción y reflexión, por pequeñas que las veamos, han sido aportes reales para un cambio en la Iglesia peruana, latinoamericana y universal, para una Iglesia pobre y de los pobres. Personalmente estoy muy agradecida de formar parte de este caminar, de haber encontrado esta gran comunidad, de haber formado parte de estos acontecimientos históricos, de estos logros.
La obra de Gustavo Gutiérrez es la muestra más pública y significativa, pero él mismo dice que es parte de esta gran comunidad (hasta nos ofreció parte de sus derechos de autor). Pero nos ha aportado tanto que siempre estaremos en deuda con él, por su lucidez, por su paciencia ante las hostilidades y mezquindades, por su tenacidad (a él le gusta hablar de terquedad, como Santa Teresa), por su humanidad y cariño.

El camino no ha terminado

El camino nunca termina, somos seguidores de un Jesús que no se queda quieto, que nos llama a descubrir nuevos retos en el presente, a discernir la voluntad del Padre en medio del polvo del camino. Ayudémonos a ver, escuchemos a los jóvenes y a los nuevos, estemos abiertos a la acción misteriosa del Espíritu que nos ha conducido hasta aquí a pesar de nuestras limitaciones, debilidades y temores. No estamos solos.
¿Cuáles son los signos de los tiempos hoy en nuestro país y en el mundo? ¿Qué estamos llamados a hacer frente a ellos?